La clave de Mariani: Unir una técnica centenaria con la sabiduría
indefinible de un artesano...
Extracto de "Historias de la Argentina Secreta" , Hyspamérica , 1986. El
fascículo habla de Dn. Duilio Mariani, mi padre.
Sus manos acarician la caja de ébano, las
incrustaciones de nácar, el fuelle. Sabe que al instrumento hay que
tratarlo con ternura, "como a una mujer". Desplaza con suavidad sus
manos y sus 100 kilos de peso, como si apenas rozara el aire. Con la
suavidad de los gordos y de los gatos. Tiene 70 años de edad. Fabricó el
primer bandoneón argentino. Fue, es y será un porteño de ley: un hombre
de tango.
"Papá vino al país en 1898. Se llamaba Luis y había nacido en Macerata ,
Italia. Allá había trabajado en la fábrica de acordeones Pangotti; la
provincia (Ancona) era la base de toda la actividad acordeonística del
país. Cualquiera nacido en la zona ya es afinador de oído desde su
nacimiento. Cuando llegó a la Argentina, había poco o nada de esa
actividad y tuvo que emplearse en la pinturería Pinart Coster, un
negocio inmenso que quedaba en Corrientes entre Talcahuano y Libertad,
al lado de la casa de Domingo Faustino Sarmiento".
" El viejo... era bueno, buenísimo. Hacía todo con
las manos y, al tiempo, se empleó en la casa de música Geypel, en
Corrientes y Callao. A partir de allí también empezó a hacer arreglos
por su cuenta (diez pesos por bandoneón...), hasta que instaló su primer
local, en Paraná 771.
Quien soy ?
"Empecé en el taller de mi viejo Duilio desde abajo: haciendo tareas de
limpieza y preparando el trabajo. Fuí aprendiendo de mi padre y cada día
trato de mejorar, de superar los inconvenientes que se presentan en la
fabricación o reparación de bandoneones y, actualmente, también de
acordeones.
Hacemos todo a partir de la materia prima, hasta los repuestos
fabricamos aquí...
Ahora sólo hacemos acordeones porque tienen mas salida. Somos los únicos
en el mundo que fabricamos la bandonica, de veintiún teclas y
especialmente hecha para tocar el chamamé.
Es un instrumento que tiene el formato, el fuelle y la válvula iguales a
los del bandoneón, pero no su sonido.
Soy consciente de que soy un artesano: de los últimos de una raza que
tiene el orgullo de lo que hace y que hoy está en vías de extinción
pero, a pesar de todo, seguiremos luchando...